Sí, estuve, justo detrás de ti, donde ni el viento acariciaba
las suaves notas de tu lira, las dulces voces del ocaso,
ni la mañana mediodía.
Sí, en efecto, te vi sentado,
con las manos al pecho, cruzadas, quizá me estabas pensando
o tal vez olvidando.
No, no puedo saberlo, sólo sé que estuve,
sólo se que te vi, lejos, cerca, no puedo asegurarlo.
Pero te vi, te miré en los ojos del niño
que corría tras la pelota, alegre, sonriendo,
siempre tras su pelota...
Estuve, quizá no donde me podías ver, donde ni siquiera existí,
donde era una estrella más en el cielo,
pero no tu estrella, no como tú, mi estrella.
Estuve en nuestro encuentro, mirándote en los ojos del caballero
que veía los de su futura esposa, tomando su mano,
entre azahares y rosas.
Estuve cuando lo abrazaste, lo tomaste en tu pecho, y le dijiste "mi cielo"
y él, pequeño, frágil, te miraba como su héroe, como el rey, como enorme
el cielo con sus nubes.
Sí, estuve ahí, viaje contigo a mi lado,
siempre en mi pensamiento, siempre
en los recuerdos de la infancia,
los sollozos de la juventud,
y la esperanza del mañana.
Estuve sí, y tú estuviste junto a mí,
pero yo, lamentablemente,
creo que nunca estuve junto a ti.
Pasan los días, pasan los años, he recorrido mil historias a tu lado,
pero tú, tú ni siquiera has visto que en este planeta
alguien ha ido junto a ti,
mientras tu andabas sin alguien...
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