lunes, 2 de abril de 2012

Como licuadora

¡Pero si ganas no me faltan!
Eres mi sol, ¡pero en pleno desierto a mediodía!
Eres la luna, como siempre, opacando con su brillo a las 
pobres estrellitas salpicadas por el mar noctámbulo...
Te quiero, demasiado para mi pesar,
te amo: no sé, quizá, pero a veces, 
solo a veces, ¡Ah! Me dan ganas de ser pie
y de que tu seas pelota, y lanzarte hasta el fondo la red...
Cómo deseo ser aspa, y que tú, pobre banana,
cayeras ante mis cuchillas, y poco a poco,
vuelta tras vuelta -tal como lo haces con mi corazón-
se rebanara cada una de las molestas fibras que me hacen
sufrir una y otra vez...
Pero no, no soy tan mala -además no puedo ejecutar
tal hazaña- como para hacerte añicos al igual que
tú mutilas mi poca paciencia...
¿Qué demonios he hecho para
sufrir tanto contigo?, y además,
¿por qué demonios lo tolero?
No sé, mientras tanto, para apacentar un poco
mis anhelos homicidas, me provoca una malteada
de mango...

No hay comentarios:

Publicar un comentario