¿Era nuestro destino estar juntos?
¿De verdad tanto esfuerzo, tarde o temprano te valdría tenerme?
¿Juntos, por siempre, sin obstáculos invencibles?
No, no fue así.
Nos equivocamos, tú pensaste que era lo correcto perseguirme,
buscarme hasta en el fondo del mar,
y yo, pensando que te alejaba,
más te atraía a mí.
¡Maldita energía!
Los opuestos se atraen, un catión siempre irá hacia el anión,
sí, lo hacen, pero ni tu ni yo formamos parte
de una reacción química, no somos los postulados
ni de las leyes de Newton ni las de Kepler,
ni se nos aplica fuerza, ni giramos en torno a un punto en el espacio,
No, el amor no nos movía, el destino no era el mismo para los dos,
no lo era.
Lo que sí pasó, es que nuestras energías
vibraban en distinta sintonía,
y cuando hubo posibilidades de estar en el misma frecuencia,
se invirtieron mis protones, se alejaron tus electrones,
terminando así repeliéndose nuestras vidas.